📍 Un cielo nuevo bajo las encinas de Fátima 🇵🇹

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La imagen que Nuestra Señora me regaló, a baja resolución.

Un bosque de encinas bañado por el suave sol otoñal. Se respira paz, calma, un dulce sosiego, perfume de campo. Silencio interrumpido por el canto de pájaros. De fondo el silvo de una suave brisa. Arropado por un cielo vivo, sorprendente. Que acoge, hace sentir como en casa y colma de regalos. Inicio de un camino de salvación. Un combate espiritual para la liberación del cuerpo y alma. Empieza aquí en Fátima y durará toda la vida.

Una vida pagana y gris

La vida es una sucesión de etapas. Muchos hemos crecido en un entorno católico. Con 16 años haces la confirmación, paulatinamente dejas de asistir a Misa, no crees o aparcas la fe. Los cantos de sirena de la juventud nos alejan de Dios. En mi caso se vio acentúado por una introversión que dificultaba las relaciones sociales.

La mala vida

El ateísmo parecía demasiado pretencioso así que me situé en un cómodo agnosticismo. «Si Dios existe, llamará a la puerta» – pensaba. La vida transcurría cómoda y plácidamente. Navegaba en el mar del consumismo y relativismo. Era la típica marioneta del sistema. Tenía salud, lo que me convertía en un animal autosuficiente y orgulloso. El progreso y la ciencia eran los faros que guiaban mi existencia. Una fría equidad guiaba mis relaciones sociales. No molesto ni me molestan. Respeto los derechos de los demás y soy respetado, soy bueno.

La rutina era simple: trabajo de Lunes a Viernes y cómodos fines de semana de TV, deportes, series, películas, salidas gastronómicas, amistades sin compromisos, excursiones al monte. Sin embargo algo fallaba. Los Lunes llegaba a la oficina y me sentía vacío. Busqué refugio en el panteísmo o new age. Tú tienes el poder. Si deseas algo muy fuertemente, el universo conspirará para dártelo. La naturaleza o karma son las fuerzas que gobiernan el universo. Una mezcla de reencarnación, realidades oníricas y física cuántica.

Parches ineficaces

Tomé clases de yoga y mindfulness. Me sumergí en lo oriental: shiatsu, budismo. Estas disciplinas conseguían una fugaz sensación de bienestar. Leía a Carl Jung. Sus teorías sobre el inconsciente colectivo resultaban en cierta manera estimulantes. Obras literarias de Carlos Castaneda y Paulo Cohelho descansaban en la mesilla de noche.

Mientras tanto, llenaba mi vacío existencial con programas esotéricos de radio y televisión. Lo sobrenatural se convirtió en otra salida. La ufología española y francesa llenaban mi mente de asombrosos encuentros con seres de otros mundos. Unas de las historias que me llamaron la atención fueron las de Fátima y Garabandal. La danza del sol de Fátima era un evento muy comentado, tanto por ateos como por creyentes. Supe que algún día tenía que visitar este lugar.

El punto de inflexión

Estaba claro que algo no cuadraba en mi vida y no sabía qué era. Lo tenía todo, vivía cómodamente en un bonito pueblo de montaña. Pero algo faltaba. Una recaída en la salud de mi padre, me hizo abandonar el pueblo y regresar a mi ciudad natal. Fueron diez años hermosos en el pueblo pero tenía ayudar a mi familia. Fue un año maravilloso de atenciones. De dar y recibir amor. Empezaba a ver que mi vida anterior no valía nada. Por primera vez en mi vida empezaba a tomarme en serio la espiritualidad. Tenía que buscarme a mí mismo.

Tras el fallecimiento de mi Padre, me inicié en esta búsqueda. Era tiempo de introspección. Me daba vértigo mirar en mi interior así que decidí viajar. Así me relajaba y me tomaba un respiro. Y qué mejor que ir a ese sitio «mágico» del que tanto había oído hablar. Mi primera peregrinación a Fátima.

El Norte de Portugal

Los primeros días visitamos una monumental Oporto y una bella y costera Aveiro. Probamos el bacalhau, plato típico de una Portugal que mira siempre hacia el Atlántico. Las ventanas de las casas no tienen cortinas. Y algunas se dejan abiertas. Se ven muchos naranjos en calles y campos.

Llegamos a Coímbra, la ciudad donde Sor Lucía pasó la mayor parte de su vida. Por la mañana, visitamos la Universidad de Coímbra, la más antigua del mundo. Por la tarde fuimos al Carmelo de Santa Teresa (Hermanas Carmelitas Descalzas). El convento donde vivió Sor Lucía de Fátima, la vidente de las apariciones. Me llamó la atención su Iglesia con ese altar mayor a modo de escala espiritual. También las dos estatuas de los pastorcillos y de la Virgen. Me encantó imaginar la vida apacible y contemplativa de Sor Lucía entre estos muros.

Llegada extraña a Fátima

Abandonamos Coímbra dirección Fátima. Buscaba desde el autobús cualquier atisbo del Santuario. Cuando lo divisé a lo lejos sentí algo especial. Por fin estaba en aquel lugar santo. Era de noche. Una emoción especial recorría mi cuerpo. Llegamos al Hotel Tres Pastorinhos.

La extraña habitación

Con la emoción del momento, cogí una maleta equivocada sin darme cuenta. Y me dirigía a la habitación 306. Cuando llegué abrí la puerta y estaba la cama como sin hacer. Al salir no pude cerrar la puerta. Bajé a la recepción, recuperé mi maleta. De repente me dijeron que mi habitación era la 336. No me lo podía creer. Fue extraño porque era como si el número de mi habitación hubiera cambiado. Es algo que a día de hoy sigo sin comprender.

La Ramona

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Tras deshacer la maleta y cenar, llegamos a la Capilla de las Apariciones. Por fin me hallaba en el lugar exacto de las apariciones de las que tanto había oído hablar. Era emocionante. La famosa Capelinha ante mis ojos.

Tomé asiento con un compañero de de peregrinación en un fondo de la Capilla, que fue llenándose hasta quedar abarrotada. A las 22h empezaba el Rosario. Se puso a mi lado un orondo jubilado que caracterizaba por su escasa devoción y su afición a la bebida. Durante la peregrinación causó algún problema. Aquel mismo día, bebió más de la cuenta en una parada en Coímbra, se perdió y tuvimos que buscarlo.

Nos situábamos en uno de los últimos bancos de la Capilla. El Rosario transcurría con normalidad. El coro de Fátima lo elevaba aún más. Me recreaba imaginando aquel escenario en 1917, Nuestra Señora bajó allí mismo, a aquel altar frente al que nos encontrábamos.

Campanas de aviso para el Rosario (Capelinha de Fátima)

Trataba de centrarme en la oración cuando súbitamente un móvil sonó junto a mi lado. Su sonido inundaba toda la Capilla con un estridente sonido. La celebración se interrumpió, se hizo un silencio y cierta murmuración. Cuando me di cuenta, todas las cabezas se giraban hacia nosotros. No me lo podía creer. El móvil desde el que sonaba la llamada era el de mi compañero. Además se trataba de un politono grosero. La canción de la Ramona sonando a todo volumen en la Capelinha junto a mí.

No podía creer que mi primera experiencia en un lugar tan sagrado fuera aquella. La poca destreza del compañero con los móviles y su resaca, hicieron eternos aquellos segundos hasta que logró apagar el móvil. Algunas caras eran de enfado otras de condescendiente sonrisa. La celebración siguió su curso. Traté y trato de buscar un significado a aquella experiencia.

La explanada

Los siguientes días visitamos el santuario y los alrededores. Esa esplanada testigo de la Danza del Sol. Nos encantó la muestra de fotografías antiguas del Hotel Estrella de Fátima. El Santuario y sus edificios asociados están muy cuidados. En frente a la Basílica hay un edificio dotacional que cuenta con amplias salas. En la Basílica las tumbas de los 3 pastorcitos son una visita obligada.

Campanas con el Ave María de los pastorcillos.

Las casas de los videntes

Visitamos también las casas de los videntes. Se conservan en el mismo estado que hace 100 años. Es impresionante la sencillez con la que vivían. En una casa junto a la de Lucía estaba
María de los Ángeles Santos, sobrina de Sor Lucía. Siempre con una sonrisa a sus 97 años. Reza por la salvación de las almas.

Los encinares de Valinhos

En los encinares de Valinhos, se respira una paz indescriptible. Creo que algo del Cielo, algo espiritual dejó huella en ellos. Es aquí donde el Ángel de Portugal preparó a los 3 videntes para la venida de la Virgen. Hay una estatua en el lugar donde se apareció el Ángel por primera vez, Loca Do Cabeço. También hay un túmulo donde la Virgen se apareció a los videntes tras su secuestro por las autoridades comunistas. Fue en Agosto de 1917. Ahora mi alma vuela a Valinhos cuando busca refugio. Este lugar me ha impresionado.

Un cielo vivo

La última mañana en Fátima hice algo inesperado que deparó sorpresas. Me desperté muy de madrugada, a eso de las 4am. No sabía qué hacer y decidí visitar la Capelinha. Fundamentalmente para recrearme en el lugar de las apariciones. Toda la Capelinha para mí. También podría adorar a Nuestra Señora. Algún otro viandante aislado caminaba por el lugar. Recé a solas ante Nuestra Señora, fue maravilloso. Asistí a la misa de 7AM y comenzó un espectáculo asombroso en el Cielo.

Asistí a uno de los amaneceres más hermosos que haya visto. El Cielo de Fátima fue testigo de grandes prodigios. Nada más salir de la Capelinha, empecé a tomar fotos sin parar. Tras el viaje, al revelar las fotos en casa, me llevé una sorpresa. Dos de ellas muestras unas luminarias blancas. Creo que podrían ser estrellas o quizás algún tipo de reflejo pero no tiene pinta. He probado Stellarium para ver el mapa del cielo aquel 6 de diciembre de 2016 pero no saco nada en claro.

El regalo

El Cielo era tan bello que hice una segunda tanda de fotos. Me situé en el otro lado de la explanada. Ante tal espectáculo, apunté la cámara hacia la Basílica. Aún estaba algo oscuro y fijé mi atención en el cielo. Empecé a disparar fotos en modo panorámico sin pensar mucho más. Un bonito amanecer pensé y todo quedó ahí. Pero lo mejor estaba por venir. De nuevo, descubrí la sorpresa al revelar las imágenes en casa una vez terminado el viaje. A continuación tienen la fotografía original tal como yo la percibí en el lugar (izquierda) y la imagen revelada (derecha).

Una persona que no llegué a percibir mientras tomaba las fotos, aparece perfectamente centrada en la foto. Camina hacia la Basílica, hacia la estatua del Sagrado Corazón de Jesús. Todo ello bajo un cielo espectacular. En esa persona que camina hacia Cristo podría verme representado. Es el camino correcto, esto me alivia. Pero lo hago solo. Quizás es un augurio de mi soledad. ¿Será profético? Es el regalo de Nuestra Señora, un amanecer en Fátima, un camino hacia Jesucristo. «Soy del Cielo» contestó Nuestra Señora a Lucía en la primera aparición. Sin duda, el Cielo de Fátima tiene algo especial.

Reconozco que esta interpretación puede parecer exagerada. Yo así lo viví y sentí. Es lo que creo, es mi fe. Como decía Jesucristo: «El ojo es nuestra lámpara». No podemos controlar la realidad pero sí dar un sentido a lo que nos ocurre. Así nos lo enseñó Cristo durante su vida, especialmente durante su pasión.

Un último mensaje

La despedida de Fátima tuvo un mensaje extra para mí: «Traeme justos». La guía de la peregrinación nos dio un par de horas libres antes de tomar el autobús para marcharnos de Fátima. Mi último recorrido pasó junto a la Capelinha. Había Misa en castellano y me detuve para escuchar el evangelio. El sacerdote era de Madrid y estaba leyendo la parábola de la oveja perdida (Lc 15:3-7)

Aquel pasaje evangélico no correspondía con el evangelio del día. Para mí fue importante porque daba respuesta a la experiencia del primer día. La de La Ramona y aquel compañero de peregrinación. Tendría que llevarle a ella más gente como aquella.

Jesuscristo dijo a Faustina Kowalska en el cuarto día de sus apariciones:

Hoy tráeme A LOS QUE NO CREEN EN DIOS Y A AQUÉLLOS QUE TODAVÍA NO ME CONOCEN. También pensaba en ellos durante Mi amarga Pasión y su futuro celo consoló Mi Corazón. Sumérgelos en el Mar de Mi Misericordia.

El final de la peregrinación

Nuestra peregrinación terminó visitando Monsanto. El pueblo de interior típico portugués. Quise explicar al sacerdote de nuestra peregrinación todo aquello que había vivido. Empecé a perder miedo a las cosas de la Iglesia. Hasta ese momento me parecían retrógradas o cosas de abuelas.

Por último visitamos la monumental Valladolid. Con esta peregrinación empecé a asistir a Misa. En su catedral me invitaron a leer la segunda lectura. Acepté con agrado y todo salió bien. No tenía costumbre en la lectura de la Biblia. Te sirven en los bares tapas de lentejas gratis.

Fátima tiene algo especial. Una gran espiritualidad se siente en el aire. Y creo que se transmite a la gente y a todo Portugal. Por eso me encanta Portugal. He visto una gente que me ha parecido buena y seria. Una sociedad multicultural donde conviven como lenguas el portugués y el inglés. Sin artificios, sin dobleces, sin intereses. Si Dios quiere, volveré.

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