La Ascensin de Jess

Fecha publicación: 11 enero 2020
Portada del libro

De entre los eventos terrenos de Cristo, quizs la Ascensin es el de mayor carga emocional para los discpulos. Los Evangelios cuentan que los discpulos regresaron alegres y dando gracias a Dios por esa magnfica visin de Cristo. La experiencia influy de forma notable en su entusiasmo por la predicacin. Fue decisiva para el nacimiento de la Iglesia. La promesa de una segunda venida de Cristo nos mantiene vigilantes an hoy. Veamos cmo sucedi.

El gancho

Ratzinger en su libro: Jess de Nazaret: Desde la Entrada en Jerusaln hasta la Resurreccin trata la Ascensin en el captulo llamado «Perspectiva: subi al cielo y est sentado a la derecha del Padre y de nuevo vendr con gloria». Los pensamientos de este artculo estn basados en l. Este artculo es un resumen de notas sobre este captulo. Muchos textos son copias del libro.

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Contexto geogrfico

Se cree que la Ascensin ocurri en la actual Capilla de la Ascensin en Jerusaln.

El pensamiento moderno

Jess vendr de nuevo para juzgar a vivos y muertos, y para establecer definitivamente el Reino de Dios en el mundo.

Exgetas modernos creen errneamente que la escatologa es el ncleo central del mensaje de Cristo. Pero entonces cmo podra haber persistido la fe cristiana una vez comprobado que la esperanza inminente no se cumpli? De hecho, esta teora contrasta con los textos y tambin con la realidad del cristianismo naciente, que experiment la fe como una fuerza que acta en el presente y, a la vez, como esperanza.

La alegra de la nueva presencia

Vayamos, pues, a la conclusin del Evangelio de Lucas. All se habla de cmo Jess se aparece a los apstoles que, junto a los dos discpulos de Emas, estn reunidos en Jerusaln. l come con ellos y da algunas instrucciones. Las ltimas frases del Evangelio dicen:

Despus los sac hacia Betania y, levantando las manos, los bendijo. Y mientras los bendeca, se separ de ellos subiendo hacia el cielo. Ellos se volvieron a Jerusaln con gran alegra; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.

Lc 24,50-53

Esta conclusin nos sorprende. Lucas nos dice que los discpulos estaban llenos de alegra despus de que el Seor se haba alejado de ellos definitivamente. Todo adis es dolor pero ellos no se sienten abandonados. Estn seguros de una nueva presencia de Jess. Ellos saben que la derecha de Dios, donde l est ahora enaltecido, implica un nuevo modo de su presencia.

El espacio csmico no es la derecha del Padre

El Nuevo Testamento desde los Hechos de los Apstoles hasta la Carta a los Hebreos, haciendo referencia al Salmo 110,1 describe el lugar al que Jess se ha ido con una nube como un sentarse (o estar) a la derecha de Dios. Qu significa esto? Este modo de hablar no se refiere a un espacio csmico lejano, en el que Dios, por decirlo as, habra erigido su trono y en l habra dado un puesto tambin a Jess. Dios no est en un espacio junto a otros espacios. Dios es Dios. l es el presupuesto y el fundamento de toda dimensin espacial existente, pero no forma parte de ella. La relacin de Dios con todo lo que tiene espacio es la del Dios y Creador. Su presencia no es espacial sino, precisamente, divina. Estar sentado a la derecha de Dios significa participar en la soberana propia de Dios sobre todo espacio.

No es una despedida, est cerca, supera todo espacio

El Jess que se despide no va a alguna parte en un astro lejano. l entra en la comunin de vida y poder con el Dios viviente, en la situacin de superioridad de Dios sobre todo espacio. Por eso no se ha marchado, sino que, en virtud del mismo poder de Dios, ahora est siempre presente junto a nosotros y por nosotros. En los discursos de despedida en el Evangelio de Juan, Jess dice precisamente esto a sus discpulos: Me voy y vuelvo a vuestro lado (14,28). Aqu est sintetizada maravillosamente la peculiaridad del irse de Jess, que es al mismo tiempo su venir, y con eso queda explicado tambin el misterio acerca de la cruz, la resurreccin y la ascensin. Su irse es precisamente as un venir, un nuevo modo de cercana, de presencia permanente, que Juan pone tambin en relacin con la alegra, de la que antes hemos odo hablar en el Evangelio de Lucas. Puesto que Jess est junto al Padre, no est lejos, sino cerca de nosotros. Ahora ya no se encuentra en un solo lugar del mundo, como antes de la ascensin; con su poder que supera todo espacio, l no est ahora en un solo sitio, sino que est presente al lado de todos, y todos lo pueden invocar en todo lugar y a lo largo de la historia.

sta es una imagen para el tiempo de la Iglesia, que tambin se nos propone precisamente a nosotros. El Seor est en el monte del Padre. Por eso nos ve. Por eso puede subir en cualquier momento a la barca de nuestra vida. Y por eso podemos invocarlo siempre, estando seguros de que l siempre nos ve y siempre nos oye.

Cristo es presencia presente

Noli me tangere

Mara Magdalena quiere tocar a Cristo, retenerlo, pero el Seor le dice: Sultame, que todava no he subido al Padre (Jn 20,17). Esto nos sorprende. Es como decir: Precisamente ahora que lo tiene delante, ella puede tocarlo, tenerlo consigo. Cuando habr subido al Padre, eso ya no ser posible. Pero el Seor dice lo contrario: Ahora no lo puede tocar, retenerlo. La relacin anterior con el Jess terrenal ya no es posible. Se trata aqu de la misma experiencia a la que se refiere Pablo en 2 Corintios 5,16s: Si conocimos a Cristo segn los criterios humanos, ya no lo conocemos as. Si uno est en Cristo, es una criatura nueva. El viejo modo humano de estar juntos y de encontrarse queda superado. Ahora ya slo se puede tocar a Jess junto al Padre. nicamente se le puede tocar subiendo. l nos resulta accesible y cercano de manera nueva: a partir del Padre, en comunin con el Padre.

Nuestra ascensin que siempre es necesaria cada vez, nuestro subir para tocarlo, ha de ser un caminar junto con el Crucificado. El Cristo junto al Padre no est lejos de nosotros; si acaso, somos nosotros los que estamos lejos de l; pero la senda entre l y nosotros est abierta. De lo que se trata aqu no es de un recorrido de carcter csmico-geogrfico, sino de la navegacin espacial del corazn, que lleva de la dimensin de un encerramiento en s mismo hasta la dimensin nueva del amor divino que abraza el universo.

El velo del futuro no se toca

Wikimedia CommonsFile:Salvator Rosa – The Shade of Samuel Appears to Saul …

La actitud de los discpulos no debe ser ni la de hacer conjeturas sobre la historia ni la de tener fija la mirada en el futuro desconocido. El cristianismo es presencia: don y tarea; estar contentos por la cercana interior de Dios y fundndose en eso contribuir activamente a dar testimonio en favor de Jesucristo.

La existencia cristiana no consiste en escudriar el futuro. Aparecen dos hombres vestidos de blanco y dirigen un mensaje: Galileos, qu hacis ah plantados mirando al cielo? El mismo Jess que os ha dejado para subir al cielo, volver como le habis visto marcharse (Hch 1,11) Con eso queda confirmada la fe en el retorno de Jess, pero al mismo tiempo se subraya una vez ms que no es tarea de los discpulos quedarse mirando al cielo o conocer los tiempos y los momentos escondidos en el secreto de Dios. Su tarea es llevar el testimonio de Cristo a todo el mundo.

Tampoco hay que dejarse tentar por el ocultismo. Conviene recordar el relato bblico sobre la nigromante de Endor que, por la insistencia de Sal, evoca el espritu de Samuel y lo hace subir del mundo de los muertos (cf. 1 S 28,7ss)

Vigilancia en la verdad

Wikimedia CommonsFile:The Parable of the -Ten- Virgins (he Parables of Our Lord and …

La fe en el retorno de Cristo es el segundo pilar de la confesin cristiana. Vigilancia significa sobre todo apertura al bien, a la verdad, a Dios, en medio de un mundo a menudo inexplicable y acosado por el poder del mal. Significa que el hombre busque con todas las fuerzas y con gran sobriedad hacer lo que es justo, no viviendo segn sus propios deseos, sino segn la orientacin de la fe. Todo eso est explicado en las parbolas escatolgicas de Jess, por ejemplo: las diez vrgenes, la higuera, el Siervo fiel.

Escatologa presente

es.wikipedia.org Todos los Santos – Wikipedia, la enciclopedia libre

Para confirmar su tesis, Bernardo se remite a Juan 14,23: El que me ama guardar mi palabra y mi Padre lo amar, y vendremos a l y haremos morada en l. Se habla explcitamente de una venida del Padre y del Hijo: es la escatologa del presente, que Juan desarrolla. En ella no se abandona la espera de la llegada definitiva que cambiar el mundo, pero muestra que el tiempo intermedio no est vaco: en l est precisamente el adventus medius, la llegada intermedia de la que habla Bernardo. Hay una tensin intrnseca de la espera cristiana del retorno. Casi todas las cosas son dobles en nuestro Seor: su nacimiento (del Padre en la eternidad y de la Virgen) y descenso (ahora silencioso y en la segunda venida)

Dios viene ya al mundo a travs de los Santos. Por tanto, podemos orar por la venida de Jess? Podemos decir con sinceridad: Marana tha!: Ven, Seor Jess!? S, podemos y debemos. Pedimos anticipaciones de su presencia renovadora del mundo. En momentos de tribulacin personal le imploramos: Ven, Seor Jess, y acoge mi vida en la presencia de tu poder bondadoso.

Cristo se despide bendiciendo

FlickrChrist Blessing. The Saviour of the World | Artist: El Greco | Flickr

En el gesto de las manos que bendicen se expresa la relacin duradera de Jess con sus discpulos, con el mundo. En el marcharse, l viene para elevarnos por encima de nosotros mismos y abrir el mundo a Dios. Por eso los discpulos pudieron alegrarse cuando volvieron de Betania a casa. Por la fe sabemos que Jess, bendiciendo, tiene sus manos extendidas sobre nosotros. sta es la razn permanente de la alegra cristiana.



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