Las Bienaventuranzas de Jess

Fecha publicación: 13 diciembre 2019
Portada del libro

Sermon Mount by Carl Bloch, Nationalhistoriske Museum p Frederiksborg Slot (Hillerd)

Pocos textos evanglicos pueden resultar tan conmovedores y consoladores como el del Sermn de la Montaa. Lo que conocemos como Bienaventuranzas. Nos hablan de un Dios totalmente distinto a lo conocido. Una nueva teologa comprometida con nuestras miserias, que abraza con infinita misericordia. Es la novedad y la esperanza que trae el cristianismo.

El gancho

Un creciente inters por la escritura y filologa me ha hecho leer este libro de Ratzinger: Jess de Nazaret: del bautismo a la Transfiguracin. Los pensamientos de este artculo estn basados en el captulo 4 de este libro.

Sobre el sufrimiento

[San Pablo] experimenta la ntima relacin entre cruz y resurreccin: estamos expuestos a la muerte para que tambin la vida de Jess se manifieste en nuestro cuerpo (2 Co 4, 11).

Cristo sigue sufriendo en sus enviados, su lugar sigue siendo la cruz. Sin embargo, l es de manera definitiva el Resucitado. Y si el enviado de Jess en este mundo est an inmerso en la pasin de Jess, ah se puede percibir tambin la gloria de la resurreccin, que da una alegra, una beatitud mayor que toda la dicha que se haya podido experimentar antes en el mundo.

Captulo IV: 4.1 Las Bienaventuranzas. 20%

Sobre la pobreza

La pobreza de que se habla nunca es un simple fenmeno material. La pobreza puramente material no salva, aun cuando sea cierto que los ms perjudicados de este mundo pueden contar de un modo especial con la bondad de Dios. Pero el corazn de los que no poseen nada puede endurecerse, envenenarse, ser malvado, estar por dentro lleno de afn de poseer, olvidando a Dios y codiciando slo bienes materiales.

Por otro lado, la pobreza de que se habla aqu tampoco es simplemente una actitud espiritual. La Iglesia, para ser comunidad de los pobres de Jess, necesita siempre figuras capaces de grandes renuncias; necesita comunidades que le sigan, que vivan la pobreza y la sencillez, y con ello muestren la verdad de las Bienaventuranzas para despertar la conciencia de todos, a fin de que entiendan el poseer slo como servicio y, frente a la cultura del tener, contrapongan la cultura de la libertad interior, creando as las condiciones de la justicia social.

Captulo IV: 4.1 Las Bienaventuranzas. 21%

Sobre la tristeza

Hay dos tipos de afliccin: una, que ha perdido la esperanza, que ya no confa en el amor y la verdad, y por ello abate y destruye al hombre por dentro; pero tambin existe la afliccin provocada por la conmocin ante la verdad y que lleva al hombre a la conversin, a oponerse al mal. Esta tristeza regenera, porque ensea a los hombres a esperar y amar de nuevo. Un ejemplo de la primera afliccin es Judas, quien profundamente abatido por su cada pierde la esperanza y lleno de desesperacin se ahorca. Un ejemplo del segundo tipo de afliccin es Pedro que, conmovido ante la mirada del Seor, prorrumpe en un llanto salvador: las lgrimas labran la tierra de su alma. Comienza de nuevo y se transforma en un hombre nuevo.

Captulo IV: 4.1 Las Bienaventuranzas. 24%

La Bienaventuranza de los perseguidos: Jess da a su Yo un carcter normativo que ningn maestro de Israel ni ningn doctor de la Iglesia puede pretender para s. El que habla as ya no es un profeta en el sentido hasta entonces conocido, mensajero y representante de otro; l mismo es el punto de referencia de la vida recta, l mismo es el fin y el centro.

Captulo IV: 4.1 Las Bienaventuranzas. 25%

Dichosos los limpios de corazn, porque ellos vern a Dios

Mustrame a tu Dios, yo te dir a mi vez: mustrame t al hombre que hay en ti.

Tefilo de Antioqua 25%

Veremos a Dios cuando entremos en los mismos sentimientos de Cristo (Flp 2, 5). La purificacin del corazn se produce al seguir a Cristo, al ser uno con l. Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en m (Ga 2, 20). Y aqu surge algo nuevo: el ascenso a Dios se produce precisamente en el descenso del servicio humilde, en el descenso del amor, que es la esencia de Dios y, por eso, la verdadera fuerza purificadora que capacita al hombre para percibir y ver a Dios.

En Jesucristo Dios mismo se manifiesta en ese descenso: El cual, a pesar de su condicin divina, no hizo alarde de su categora de Dios; al contrario, se despoj de su rango y tom la condicin de esclavo, pasando por uno de tantos. se rebaj hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exalt (Flp 2, 6-9). Estas palabras marcan un cambio decisivo en la historia de la mstica. Muestran la novedad de la mstica cristiana, que procede de la novedad de la revelacin en Cristo Jess.

Captulo IV: 4.1 Las Bienaventuranzas. 26%

El corazn puro es el corazn que ama, que entra en comunin de servicio y de obediencia con Jesucristo. El amor es el fuego que purifica y une razn, voluntad y sentimiento, que unifica al hombre en s mismo gracias a la accin unificadora de Dios, de forma que se convierte en siervo de la unificacin de quienes estaban divididos: as entra el hombre en la morada de Dios y puede verlo. Y eso significa precisamente ser bienaventurado.

Captulo IV: 4.1 Las Bienaventuranzas. 26%

Contra natura

Aqu viene una crtica de Nietzsche a las invectivas de Lc 6, 24-26. No son condenas, son advertencias para la salvacin. Es malo rer? A la amplitud de miras de Jess se le opone una concentracin angosta en las realidades de aqu abajo (como el Fariseo que oraba mirndose a s mismo) , la voluntad de aprovechar ahora el mundo y lo que la vida ofrece, de buscar el cielo aqu abajo y no dejarse inhibir por ningn tipo de escrpulo.

Las Bienaventuranzas se oponen a nuestro gusto espontneo por la vida, a nuestra hambre y sed de vida. Exigen conversin, un cambio de marcha interior respecto a la direccin que tomaramos espontneamente. Pero esta conversin saca a la luz lo que es puro y ms elevado, dispone nuestra existencia de manera correcta.

Captulo IV: 4.1 Las Bienaventuranzas. 27%

Lo comenta Jacques Philippe en su libro Libertad Interior. La accin del Espritu Santo es un fermento evolutivo contra la psique prehistrica. Nos aleja de nuestra parte primitiva, basada en contraprestaciones y en la satisfaccin inmediata de los instintos.



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