🙏🏻 La oración eterna de Jesús en Getsemaní ⏳

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WikipediaArchivo:Christ in Gethsemane.jpg – Wikipedia, la enciclopedia libre

Jerusalén, Huerto de los Olivos, pocos lugares como éste en el mundo. Historia y espiritualidad convergen aquí. El cura de mi parroquia explicó que podíamos acompañar a Cristo bajo estos olivos. Jesús cargó con cada uno de nuestros pecados en Getsemaní. Lo sigue haciendo. Parece una historia de ciencia ficción. Complicado comprenderlo con una fe débil. De alguna manera, el espacio y el tiempo están detenidos bajo estos olivos. El Papa emérito – Benedicto XVI – nos lo explica en su libro Jesús de Nazaret.

El gancho

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Puntuación: 5 de 5.

Ratzinger, mi teólogo de cabecera, aborda el conflicto entre la predicación de Jesús y las leyes judías en su libro: Jesús de Nazaret: Desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección. Los pensamientos de este artículo están basados en el capítulo 6 de este libro. Este artículo es un resumen de notas sobre este capítulo. Muchos textos son copias del libro.

En camino hacia el Monte de los Olivos

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Mount of Olives

Cristo habla en los Salmos de David

El centro de la celebración pascual la acción de gracias y bendición. Después se termina cantando los Salmos, el Hallel. Se celebra la noche en que se mataron los primogénitos de Egipto. Israel fue salvado por la sangre del cordero. Cristo asume su destino como cordero.

Jesús recita los Salmos, que en Él adquieren todo su esplendor. Ahora no se circunscriben a Israel sino a todo el mundo. Es el nuevo David. Cristo habla en los Salmos. Quedan unidos los dos testamentos bíblicos.

Cristo es novedad a través de la tradición

Jesús es observante, debe cumplir la normativa judía. Por eso debe dormir hoy en Jerusalén y no en Betania. Cristo busca al traidor y con él, la hora de su pasión.

Al mismo tiempo, todo se hace nuevo:

  • Desde su explicación del sábado (cf. Mc 2,27)
  • Las prescripciones sobre pureza ritual (cf. Mc 7)
  • La nueva interpretación del Decálogo en el Sermón de la Montaña (cf. Mt 5,17-48)
  • La purificación del templo (cf. Mt 21,12s par.), que anticipa el fin del templo de piedra
  • El nuevo templo, la nueva adoración «en espíritu y en verdad» (Jn 4,24)
  • Llama a Dios «Abba». Inconcebible por la cultura judía.

Es un cambio decisivo en la historia de las religiones porque desemboca en la cruz. Su intervención en la purificación del Templo contribuyó a su condena de muerte en la cruz.

Marco geográfico

Allí se encuentra la Iglesia de la Agonía de Jesús. Punto culminante del misterio de nuestro Redentor: Jesús ha experimentado aquí la última soledad, toda la tribulación del ser hombre. Aquí, el abismo del pecado y del mal le ha llegado hasta el fondo del alma. Aquí se estremeció ante la muerte inminente. Aquí le besó el traidor. Aquí todos los discípulos lo abandonaron. Aquí Él ha luchado también por mí.

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El huerto: realidad hecha símbolo

Se dice que hay un huerto en Getsemaní. Es real y es también un símbolo, como en el Edén, aquí también se producirá una traición. También hay un huerto en el sepulcro.

De camino al huerto, Jesús hace 3 profecías. La de Zacarías, poniéndose con los sufridores de este mundo y el rebaño de discípulos se dispersa. La promesa de salvación: el buen pastor dará la vida por sus ovejas.

El orgullo de Pedro

La tercera profecía es la conversación con Pedro. Al ser contrario a la cruz, no puede entender la palabra resurrección y quisiera —como ya en Cesarea de Felipe— el éxito sin la cruz. Él confía en sus propias fuerzas. ¿Quién puede negar que su actitud refleja la tentación constante de los cristianos, e incluso también de la Iglesia, de llegar al éxito sin la cruz? Por eso se le ha de anunciar su debilidad, su triple negación. Nadie es por sí mismo tan fuerte como para recorrer hasta el final el camino de la salvación. Todos han pecado, todos necesitan la misericordia del Señor, el amor del Crucificado (cf. Rm 3,23s)

La oración del Señor

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FlickrImage from page 100 of «The life of our Saviour Jesus Chri… | Flickr

Cristo oraba solo acompañado de cerca por el grupo de los tres. Se entristece y angustia. Llama a la vigilancia ante la somnolencia de sus allegados. Anticipo de la historia futura del cristianismo con la insensibilidad y la autocomplacencia. Esto da poder al maligno.

Cristo dialoga con Dios mediante Salmos

El Señor dice de sí mismo: «Me muero de tristeza». Éstas son palabras del Salmo 43,5, en las que resuenan también expresiones de otros salmos. También en su pasión —tanto en el Monte de los Olivos como en la cruz— Jesús habla de sí mismo a Dios Padre usando las palabras de los Salmos. Pero estas palabras tomadas de los Salmos se han hecho del todo personales, palabras absolutamente propias de Jesús en su tribulación; en efecto, Él es en realidad el verdadero orante de estos Salmos, su auténtico sujeto.

Posturas orantes

Después vuelve a alejarse un poco más y vuelve a orar rostro en tierra. Indica sumisión y abandono en Dios. Esta postura ha sido copiada en otros ritos como la Misa de Viernes Santo y la ordenación sacerdotal.

Después oró de rodillas. Esteban durante su lapidación, Pedro al resucitar a Tabita y Pablo son ejemplos de arrodillarse. Esta postura es ejemplo para Mártires.

Se muestra el drama de nuestra Redención. Podemos distinguir 3 elementos:

Experiencia primordial del miedo

Un estremecimiento ante el poder de la muerte. Tiembla y suda gotas de sangre. Misma turbación que en la tumba de Lázaro y en la traición de Judas. Referencia al Salmo 43,5. Estremecimiento particular de quien es la Vida misma ante el abismo de todo el poder de destrucción, del mal, de lo que se opone a Dios, y que ahora se abate directamente sobre Él, y Él debe acoger.

Precisamente porque es el Hijo, ve con extrema claridad toda la marea sucia del mal, todo el poder de la mentira y la soberbia, toda la astucia y la atrocidad del mal, que se enmascara de vida pero que está continuamente al servicio de la destrucción del ser, de la desfiguración y la aniquilación de la vida.

Cristo es también y sobre todo el Revelador, cuya decisión es la única que hace posible la opción humana por Dios en una hora como la muerte» (p. 328). La angustia de Jesús en Getsemaní es algo mucho más radical que la angustia que asalta a cada hombre ante la muerte: es el choque frontal entre la luz y las tinieblas, entre la vida y la muerte, el verdadero drama de la decisión que caracteriza a la historia humana. En este sentido podemos aplicarnos a nosotros mismos, como hace Pascal, de manera totalmente personal, el acontecimiento del Monte de los Olivos: también mi pecado estaba en aquel cáliz pavoroso. Pascal oye al Señor en agonía en el Monte de los Olivos que le dice: «Aquellas gotas de sangre, las he derramado por ti» (cf. Pensées, VII, 553)

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WikipediaAgony in the Garden – Wikipedia

Dos voluntades

La oración de Jesús es la contraposición de dos voluntades: la de su parte humana que se resiste ante el aspecto destructivo de aquello a lo que se enfrenta.

«Padre, líbrame de esta hora»; «Padre, glorifica tu nombre»

Jn 12,27s

Pero la otra voluntad es la divina, la conciencia de su misión, de que Él ha venido precisamente para esa hora, le hace pronunciar la segunda petición, la petición de que Dios glorifique su nombre: justamente la cruz, la aceptación de algo terrible, el entrar en la ignominia del exterminio de la propia dignidad, en la ignominia de una muerte infamante, se convierte en la glorificación del nombre de Dios. En efecto, Dios hace ver claramente así precisamente lo que es: el Dios que, en el abismo de su amor, en la entrega de sí mismo, opone a todos los poderes del mal el verdadero poder del bien.

La voluntad de Jesús y la voluntad del Padre

En ningún otro lugar de las Escrituras aparece tan claramente dibujado el misterio interior de Jesús como en la Oración del Monte de los Olivos.

¿Esquizofrenia?

La Iglesia antigua encontró en esta meditación una de las claves para entender la figura de Cristo.

  • El Concilio de Nicea (325) había aclarado el concepto cristiano de Dios. Las tres personas —Padre, Hijo y Espíritu Santo— son uno en la única «substancia» de Dios. Más de cien años después.
  • El Concilio de Calcedonia (451) se introduce en el misterio de Jesucristo. Trató de entender conceptualmente la unión de la divinidad y la humanidad en Jesucristo con la fórmula de que, en Él, la única Persona del Hijo de Dios lleva consigo y comprende las dos naturalezas —la humana y la divina— «sin confusión ni división».
  • En la diversidad no anulada de las naturalezas, con la palabra «única Persona» se expresa la unidad radical en la que Dios, en Cristo, ha entrado con el hombre. Esta fórmula —dos naturalezas, una única Persona— fue acuñada por el papa León Magno con una intuición que iba mucho más allá de aquel momento histórico.
  • Herejía Cristológica monotelismo. Caledonia no era clara con las dos voluntades ¿esquizofrenia?

Una única voluntad

Máximo el Confesor combate el monotelismo. Hay en Jesús la «voluntad natural» propia de la naturaleza humana, pero hay una sola «voluntad de la persona», que acoge en sí la «voluntad natural». Y esto es posible sin destruir el elemento esencialmente humano, porque, partiendo de la creación, la voluntad humana está orientada a la divina. Al asumir la voluntad divina, la voluntad humana alcanza su cumplimiento, y no su destrucción.

La voluntad humana, según la creación, tiende a la sinergia (a la cooperación) con la voluntad de Dios, pero, a causa del pecado, la sinergia se ha convertido en contraposición.

El drama del Monte de los Olivos consiste en que Jesús restaura la voluntad natural del hombre de la oposición a la sinergia, y restablece así al hombre en su grandeza. En la voluntad natural humana de Jesús está, por decirlo así, toda la resistencia de la naturaleza humana contra Dios. La obstinación de todos nosotros, toda la oposición contra Dios está presente, y Jesús, luchando, arrastra a la naturaleza recalcitrante hacia su verdadera esencia.

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Abandono y el tú como unidad del ser

La transición de la oposición a la cooperación de ambas voluntades pasa por la Cruz y la obediencia. Hágase tu voluntad y no la mía. Significa abandono. La voluntad humana es arrastrada al Yo del Hijo, cuya esencia se expresa en el «no yo» sino en el tú.

Abba

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“Christ and the Children” by Carl H. Bloch, Danish Painter, 1834-1890. Oil on Copper Plate. Public domain. Source: Carlbloch.com | Hope Gallery.

Esta es la clave para entender la oración de Jesús en el Monte de los Olivos. Es otra de las novedades de Cristo. En la literatura judía de la plegaria no hay prueba alguna del apelativo Abbá dirigido a Dios. Es una ipsissima vox Jesús. Abba pertenece al lenguaje de los niños. Es la forma habitual como se dirigían al Padre de familia. Él hablaba con Dios como un niño habla con su padre. Para la cultura judía era una irreverencia hablar así a Dios.

Es del todo absurdo que algunos teólogos sostengan que, en la oración en el Monte de los Olivos, el hombre Jesús haya invocado al Dios trinitario. No, precisamente aquí habla el Hijo, que ha tomado sobre sí toda voluntad humana y la ha transformado en voluntad del Hijo.

La oración de Jesús en el Monte de los Olivos en la Carta a los Hebreos

Heb 5,7 recoge gritos y lágrimas de Jesús.

«Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, y por su actitud reverente fue escuchado»

Heb 5,7

Se identifica este texto con la Oración de Getsemaní, pues ningún Evangelio habla de gritos y lágrimas en la oración durante la vida pública de Jesús. Con gran voz pronunció el Salmo 22 y expiró durante la Pasión. Hay sentimientos de lágrimas en la muerte de Lázaro. Turbación en el Monte de los Olivos y angustia el Domingo de Ramos.

La Carta a los Hebreos, considera el conjunto de la Pasión de Jesús como un forcejeo en la oración, con Dios Padre y al mismo tiempo con la naturaleza humana.

Dos palabras definen esta oración: llevar y hecho perfecto. Llevar se refiere a un culto sacrificial. Jesús hace lo que es propio del sumo sacerdote: Él lleva la zozobra del ser hombre hacia lo alto, hacia Dios. Lleva al hombre ante Dios.

La segunda palabra dice que Jesús aprendió la obediencia con lo que sufrió.

La Carta a los Hebreos dice que la obediencia de Cristo, el extremo «sí» al Padre, al que llega combatiendo interiormente en el Monte de los Olivos, por decirlo así, lo ha «consagrado sacerdote»; precisamente en esto, en su auto-donación, en el llevar a la humanidad hacia lo alto, a Dios, Cristo se ha convertido en sacerdote en el verdadero sentido, «según el rito de Melquisedec».

La escucha de Dios

¿Fue Cristo realmente escuchado? Hay estudiosos que dicen que no porque murió en la cruz. Debemos tratar más bien de entender esta forma misteriosa de «ser escuchado» para acercarnos así también al misterio de nuestra salvación. Se pueden identificar distintas dimensiones:

Un ángel le consuela dice Lucas. Es decir, la oración dio a Jesús una fuerza interior para afrontar la Pasión. También significa que el Padre le ha levantado de la noche de la muerte. En la resurrección ya no morirá más. Su muerte no sólo le incumbe a Él, es una muerte por todos. Una superación de la muerte como tal.

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Wikimedia CommonsFile:Gethsemane Carl Bloch.jpg – Wikimedia Commons

Este ser escuchado puede entenderse también desde Jn 12,27, en el que a la oración de Jesús —«Padre, glorifica tu nombre»—, responde la voz del cielo, que dice: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo».

La cruz misma se ha convertido en la glorificación de Dios, una manifestación de la gloria de Dios en el Hijo. Esta gloria va más allá del momento e impregna toda la amplitud de la historia. Esta gloria es vida. En la cruz misma aparece, de manera velada y sin embargo insistente, la gloria de Dios, la transformación de la muerte en vida. Su obediencia se convierte en vida eterna para toda la humanidad.

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