🏷️ Los nombres de Jesús ✝️

Los nombres de Cristo

«¿Qué adelantas sabiendo mi nombre?, Cada noche tengo uno distinto, Y siguiendo la voz del instinto, me lanzo a buscar» (Peor para el sol, de Joaquín Sabina) En el plano terrenal tener nombre puede parecer banal. Vas al registro civil y escoges lo que te da la gana. Hoy día puedes cambiar hasta de apellidos. Conforme se eleva el pensamiento su importancia aumenta. En el plano ontológico es fundamental para definir la realidad. Se establece una relación con un ente determinado y sólo él. Tal es la importancia que Cristo nombraba con nombre y apellidos a los demás «Simón, Hijo de Jonás». Si tan importante era, vamos a ver cómo se identificaba a sí mismo para conocerle mejor.

El gancho

Los nombres de Cristo son fascinantes. Ratzinger, mi teólogo de cabecera, lo aborda en el libro: Jesús de Nazaret: del bautismo a la Transfiguración. Los pensamientos de este artículo están basados en el capítulo 10 de este libro. Este artículo es un resumen de notas sobre este capítulo.

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Puntuación: 5 de 5.

Muchos coetáneos de Jesús lo consideraron profeta. Pedro lo llamó Mesías. A Jesús no le gustaba esta denominación y mandaba callar.

La Iglesia primitiva lo denominó Hijo de Dios. Esta definición era problemática en lo racional ¿era un Hijo autónomo o era también Dios? Un problema resuelto en el Concilio de Nicea. Se introduce el único término filosófico del Credo: consustancial. Sirve para preservar la fiabilidad bíblica. Quiere decir que desde la eternidad hay un diálogo Padre Hijo, en el Espíritu Santo, que son verdaderamente el mismo y único Dios.

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Nicene Creed

En la cruz se le da el título del Mesías «Rey de los Judíos». Un título en donde Pilato, sin saberlo, proclama la divinidad de Cristo. De ahí la corrección que intentan los Escribas y a la que Pilato responde: «lo escrito, escrito está».

Cristo para referirse a sí mismo utiliza estos tres títulos:

El Hijo del Hombre

Entorno de Jesús

Esta misteriosa expresión es la que más utiliza Cristo para referirse a sí mismo. Sólo Jesús y San Esteban – al ser lapidado – la usan. Los exégetas modernos en su desmenuzamiento de este título, han datado su origen en la Comunidad de los primeros Cristianos, fruto de un invento de la fe postpascual. Pero no es así:

Lo grandioso y provocativo aparece precisamente en los comienzos de la Iglesia naciente, que tuvo que ir reconociendo a Cristo en toda su grandeza lentamente, comprendiéndolo poco a poco y profundizando en ello con el recuerdo y la reflexión. A la comunidad anónima se le atribuye una sorprendente genialidad teológica: ¿quiénes fueron las grandes figuras que concibieron esto? Pero no es así: lo grande, lo novedoso, lo impresionante, procede precisamente de Jesús; en la fe y la vida de la comunidad se desarrolla, pero no se crea. Más aún, la «comunidad» no se habría siquiera formado ni habría sobrevivido si no le hubiera precedido una realidad extraordinaria.

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Era una expresión nueva y sorprendente que responde al modo de predicación de Jesús y a su lenguaje enigmático y de parábolas. El Hijo del Hombre en las lenguas locales de Judea – hebreo y arameo – significa «hombre».

Jesús dijo que el hombre no está hecho para el Sábado, sino el Sábado para el hombre. Este título refleja la autoridad de Jesús.

Este título es novedoso. No existía en tiempos de Jesús. Sólo en el Libro de Daniel hay una referencia. En el martirio del profeta el Hijo del Hombre representa el Reino de Dios. Es fácil relacionar este título con una esperanza mesiánica pero no hay ningún texto del Antiguo Testamento que lo acredite.

Palabras de Jesús

La exégesis agrupa este título en boca de Jesús, en tres etapas distintas de la misión de Cristo.

Llegada futura

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Duccio di Buoninsegna

Estas denominaciones de Jesús se hacen en su juicio ante el Sanedrín (Mc 14, 62) Cristo anuncia su poder glorioso del futuro para juzgar a los elegidos. El juzgado será juez.

El criterio por el que se juzgará nuestra vida en su momento.el «Hijo del Hombre», en el momento del juicio, se identifica con los hambrientos y los sedientos, con los forasteros, los desnudos, los enfermos y los encarcelados, con todos los que sufren en este mundo, y considera el comportamiento que se ha tenido con ellos como si se hubiera tenido con Él mismo.

La exégesis no considera estas palabras de Jesús. Sin embargo los padres de la Iglesia y los jueces del Sanedrín sí. El Hijo del Hombre y Él son la misma persona. Relaciona la pasión del que está siendo juzgado con el que juzgará:

Los jueces del Sanedrín entendieron correctamente a Jesús, y Él tampoco los corrigió diciendo, por ejemplo: «Me entendéis mal; el Hijo del Hombre que ha de venir es otro». La unidad interna entre la kénosis vivida por Jesús (cf. Flp 2, 5-10) y su venida gloriosa es el motivo permanente de la actuación y la predicación de Jesús, es precisamente lo novedoso, lo «auténticamente jesuánico» que no ha sido inventado, sino que constituye más bien el aspecto esencial de su figura y de sus palabras.

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Ford Madox Brown

Actuación de Jesús

La gente de la época se quedó impresionada por la autoridad de Jesús (Mc 1,22) Se pone de la parte del legislador no del intérprete.

Se ve en la curación del paralítico Mc 2,5. Cristo perdona primero los pecados. Algo que según la cultura judía sólo corresponde a Dios. Es esta reivindicación de la divinidad la que le lleva a la cruz.

Preanuncios de la pasión

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La Trinidad del Greco

En Jesús se aprecia la unión de sufrimiento y «exaltación», de abajamiento y elevación. El servir es la verdadera forma de reinar y nos deja presentir algo de cómo Dios es Señor, del «reinado de Dios». En la pasión y en la muerte, la vida del Hijo del hombre se convierte también en «pro-existencia» (existir para los demás); se convierte en liberador y salvador para «todos»: no sólo para los hijos de Israel dispersos, sino para todos los hijos de Dios dispersos (cf. Jn 11, 52), para la humanidad. En su muerte «por todos» traspasa los límites de tiempo y de lugar, se hace realidad la universalidad de su misión.

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La exégesis antigua considera que lo novedoso de este título es la fusión del Hijo del Hombre que ha de venir de Daniel con las imágenes del Siervo de Dios de Isaías.

  • Jesús se ve a sí mismo como el que está a la derecha de Dios (Salmo 110)
  • También como piedra desechada que se convierte en angular (Salmo 118)
  • Relación con la parábola de los viñadores homicidas: rechazo y resurrección.
  • Literatura sapiencial: hostilidad de los impíos ante el justo.
  • El auténtico punto de referencia es Isaías 53

Jesús vivió conforme a la ley y los Profetas. La vida viene de la obediencia a la palabra, no de los sacrificios ni holocaustos. Asume un único cuerpo donde nos hace uno en Él. Este título simboliza la unión de Dios con el hombre.

El Hijo

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«Christ and the Children» by Carl H. Bloch, Danish Painter, 1834-1890. Oil on Copper Plate. Public domain. Source: Carlbloch.com | Hope Gallery.

En la antigüedad hacia referencia al rey en Egipto y Babilonia. A Israel se le promete un rey eterno en el Monte Sión. Esta esperanza en la venida mesiánica se hace presente en la resurrección de Jesús. Esta nueva soberanía no es política, reina desde la Cruz a través de la fe y del amor. Este título sólo está en boca de Jesús.

La oración de Cristo es el origen de esta expresión. Es un diálogo con el Padre al que se le llama Abba. No tiene precedentes en la historia.

Dios lleva a Cristo

La voluntad del Hijo es una con la del Padre a través del conocimiento. Voluntad que se revela a los sencillos. Es un don. Dios envía a Cristo sus seguidores, dice Jesús en el Sermón del pan en Cafarnaún Jn 6,44. Nadie llega a Jesús si no le atrae el Padre. Y son gente humilde y sencilla: necios frente entendidos, débiles frente a fuertes.

La pureza de corazón es lo que permite ver. Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios. Es la sencillez última que nos abre a la voluntad de Dios.

Ser hijo significa una relación, abandonar nuestra autonomía, hacerse niños. Someterse al padre como hijo es hacerse igual con el Padre. El Padre es el dador. Ha confiado todo al Hijo desde la Creación. «Él me lo ha entregado todo». Da hasta el extremo entregando a su Hijo en la cruz. Es un amor trinitario.

Yo soy

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Sebastien Bourdon

Aparece sólo o con sustantivos: pan de vida, la luz del mundo, la puerta, el buen pastor, la resurrección y la vida, el camino y la verdad y la vida, la vid verdadera. También indirectamente como manantial. Significa una presencia permanente de Dios en nuestra historia. Antes de Dios no hubo otros ni habrán.

Israel había aprendido a entender verdaderamente la novedad y la diferencia de su Dios: Él no era simplemente «su» Dios, el Dios de una tierra, de un pueblo o nación, sino el Dios por excelencia, el Dios del universo, al que pertenecen todos los pueblos, el cielo y la tierra; el Dios que dispone todo; el Dios que no necesita que le adoren ofreciéndole carneros o becerros, sino al que sólo se le adora de verdad obrando rectamente.

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Representa la unicidad de Padre e Hijo como un único ente. No hay otras entidades. Es un ente relacional. A la pregunta de los judíos quién eres tú, Él responde «cuando me levanteis de la cruz, yo soy». Este título es inseparable de la cruz. Es realidad eterna que se manifiesta en nuestro instante presente.

Jesús camina sobre las aguas

Caminando sobre las aguas

Mc 6,50: «no temáis soy yo». No es meramente identificativo. Los discípulos creen ver un fantasma pero su temor mayor es cuando todo se calma. Se produce un temor teofánico. Lo mismo sucede en la Pesca Milagrosa. Los discípulos reconocen la presencia de Dios en Jesús.

Con los sustantivos, Jesús ha venido a darnos vida en abundancia. Es nuestra verdadera felicidad. Tenemos que reconocerla en medio de nuestros deseos y anhelos superficiales. El hombre necesita a Dios para ser feliz.

Conclusión

Estas tres expresiones adquieren pleno significado en Cristo. Le han estado esperando a través de la historia. En las tres se ve la originalidad de Jesús. A nadie más se le pueden aplicar sino en Cristo. No son fruto de una fe postpascual o un invento de la Iglesia primitiva.

Estas tres expresiones se unieron en la fórmula Hijo de Dios. Y el concilio de Nicea lo definió como consustancial para protegerlo de mitologías, política u otras interpretaciones.

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