👁️ Una mirada interior al Reino de Dios a través del Evangelio 📖

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El Reino de Dios se parece a un grano de mostaza (Mt 13:31-32)

Si como yo hiciste la EGB en un colegio religioso – típicamente de monjas – notarías la abundancia de referencias al «Reino de Dios». Siendo un alumno de primaria, la imagen típica podría ser la de un mar de nubes blancas y angelitos rubios tocando trompetas. Desde la madurez, éste concepto se vuelve más interesante. Descubres que es algo real, que afecta a la vida cotidiana, con profundas implicaciones en nuestra psicología y conducta.

El gancho

Un cúmulo de conceptos que parecían relacionados me condujeron a profundizar sobre el Reino de Dios: vaciar y llenar el corazón, fe, esperanza, aguante, mirada interior, el poder del amor, etc. En este artículo se recogen ideas basadas en el capítulo 3 del libro: Jesús de Nazaret: del bautismo a la Transfiguración de Joseph Ratzinger.

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Puntuación: 5 de 5.

Antecedentes históricos

Cuando arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se marchó a Galilea a predicar y anunciar el Reino de Dios. Marcos anuncia así el inicio de la vida pública de Jesús. También Mateo lo dice de una manera parecida.

Ambos llaman a esta enseñanza Evangelio, que eran también los edictos de los emperadores romanos. Eran palabra y realidad porque afectaba al derecho y de este modo a la realidad del pueblo.

El Reino de Dios

El Evangelio de Dios no es un discurso meramente informativo sino operativo. Se manifiesta la palabra de Dios, que es palabra eficaz; aquí se cumple realmente lo que los emperadores pretendían sin poder cumplirlo. Aquí, en cambio, entra en acción el verdadero Señor del mundo, el Dios vivo.

Reino de Dios es soberanía en la realidad presente. Tiene 3 dimensiones:

  • Cristológica: Jesús mismo es el Reino de Dios.
  • Interior del hombre: El Reino de Dios no aparece en los mapas, está en el interior del hombre. Ahí crece y actúa.
  • Eclesiástica

Falsas interpretaciones del Reino

Ratzinger hace una firme defensa del verdadero mensaje de Cristo ante las falsas interpretaciones:

Ante la escatología, que lo tacha como un mero anuncio del fin del mundo.

Interpretación secularista, teocentrista y reinocentrista.

Ante la teología liberal que proclama una falsa paz y justicia. Prescinde de Dios, actúa sólo el hombre y dice que no hace falta evangelizar otras religiones. Se dejan tradiciones antiguas o paganas como costumbres que no aportan nada. Entonces ¿quién dice lo que es paz y justicia, cómo se instaura? Modalidad inquietante de la tercera tentación.

El auténtico Reino de Dios

Contexto histórico

Desde el punto de vista de su contexto histórico. El anuncio de la soberanía de Dios se funda —como todo el mensaje de Jesús— en el Antiguo Testamento, que Él lee en su movimiento progresivo que va desde los comienzos con Abraham hasta su hora como una totalidad, y que —precisamente cuando se capta la globalidad de este movimiento— lleva directamente a Jesús.

Presente

Se llega a través de la oración (Salmos). A través de la acción del orante, entra en el mundo, llevado también por él y determinando a través de la oración su modo de vivir, su vida diaria; es decir, se hace presente en ese lugar del mundo. No es algo del pasado, sino que está vivo en la realidad y presente actual:

No se habla de un «reino» futuro o todavía por instaurar, sino de la soberanía de Dios sobre el mundo, que de un modo nuevo se hace realidad en la historia. Podemos decirlo de un modo más explícito: hablando del Reino de Dios, Jesús anuncia simplemente a Dios, es decir, al Dios vivo, que es capaz de actuar en el mundo y en la historia de un modo concreto, y precisamente ahora lo está haciendo. Nos dice: Dios existe. Y además: Dios es realmente Dios, es decir, tiene en sus manos los hilos del mundo.

Capítulo III: El Evangelio del Reino de Dios. 17%

La técnica de purificación

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The Exorcism of the Garasenes Demoniac. Sebastien Bourdon. Musée Fabre | Montpellier – Francia

Cristo se refiere a sí mismo: Él, que está entre nosotros, es el «Reino de Dios», sólo que no lo conocemos (cf. Jn 1, 31.33). Otra afirmación de Jesús apunta en esta misma dirección, si bien con un matiz algo distinto:

«Si yo echo a los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el Reino de Dios ha llegado a vosotros»

Lc 11, 20

El «reino» no consiste simplemente en la presencia física de Jesús, sino en su obrar en el Espíritu Santo. En este sentido, el Reino de Dios se hace presente aquí y ahora, «se acerca», en Él y a través de Él.

Según apunta Jesús, podríamos vaciar el corazón del pecado. Purificar nuestro espíritu mediante ayuno y oración. En esto consistiría «echar los demonios». Una vez limpio, tenemos que llenarlo de fe y esperanza. En este momento, el Reino de Dios habrá llegado a nosotros. Habremos madurado y mejorado nuestra voluntad y capacidad de aguante.

Pero esta clase de demonio no se va sino con oración y ayuno.

Mateo 17: 20-21

Al favorecer la humildad, la sobriedad y la introspección, el ayuno pone a los fieles en la mejor disposición para rezar y centrarse en la Palabra de Dios, la verdadera naturaleza del hombre.

El poder del amor es eterno

El amor es el secreto de la permanencia del cristianismo en la historia. Grandes reyes, emperadores han caído. El Reino de Dios vive desde la fragilidad y la humildad.

La nueva proximidad del reino de la que habla Jesús, y cuya proclamación es lo distintivo de su mensaje, esa proximidad del todo nueva reside en Él mismo. A través de su presencia y su actividad, Dios entra en la historia aquí y ahora de un modo totalmente nuevo, como Aquel que obra. Por eso ahora «se ha cumplido el plazo» (Mc 1, 15); por eso ahora es, de modo singular, el tiempo de la conversión y el arrepentimiento, pero también el tiempo del júbilo, pues en Jesús, Dios viene a nuestro encuentro. En Él ahora es Dios quien actúa y reina, reina al modo divino, es decir, sin poder terrenal, a través del amor que llega «hasta el extremo» (Jn 13, 1), hasta la cruz. A partir de este punto central se engarzan los diversos aspectos, aparentemente contradictorios. A partir de aquí entendemos las afirmaciones sobre la humildad y sobre el reino que está oculto; de ahí la imagen de fondo de la semilla, de la que nos volveremos a ocupar; de ahí también la invitación al valor del seguimiento, que abandona todo lo demás. Él mismo es el tesoro, y la comunión con Él, la perla preciosa.

Capítulo III: El Evangelio del Reino de Dios. 18%

Imágenes del Reino de Dios

En el Nuevo Testamento se recogen varios relatos que definen cómo es este Reino. Está la parábola del grano de mostaza Mt 13:31-32. La parábola de la cizaña Mt 13:24-30. Se compara a un tesoro enterrado en el campo. Como una perla preciosa Mt 13, 44ss.

La mirada interior

Una buena imagen del Reino la vemos en la Parábola del Fariseo y el Publicano (Lc 18: 9-14). El relato aporta una nueva mirada interior hacia Dios. El fariseo se jacta de sus muchas virtudes; le habla a Dios tan sólo de sí mismo y, al alabarse a sí mismo, cree alabar a Dios. El publicano conoce sus pecados, sabe que no puede vanagloriarse ante Dios y, consciente de su culpa, pide gracia. ¿Significa esto que uno representa el ethos y el otro la gracia sin ethos o contra el ethos? En realidad no se trata de la cuestión ethos sí o ethos no, sino de dos modos de situarse ante Dios y ante sí mismo.

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Parábola del Fariseo y el Publicano Lc 18: 9-14

Uno, en el fondo, ni siquiera mira a Dios, sino sólo a sí mismo; realmente no necesita a Dios, porque lo hace todo bien por sí mismo. No hay ninguna relación real con Dios, que a fin de cuentas resulta superfluo; basta con las propias obras. Aquel hombre se justifica por sí solo. El otro, en cambio, se ve en relación con Dios. Ha puesto su mirada en Dios y, con ello, se le abre la mirada hacia sí mismo. Sabe que tiene necesidad de Dios y que ha de vivir de su bondad, la cual no puede alcanzar por sí solo ni darla por descontada. Sabe que necesita misericordia, y así aprenderá de la misericordia de Dios a ser él mismo misericordioso y, por tanto, semejante a Dios. Él vive gracias a la relación con Dios, de ser agraciado con el don de Dios; siempre necesitará el don de la bondad, del perdón, pero también aprenderá con ello a transmitirlo a los demás. La gracia que implora no le exime del ethos. Sólo ella le capacita para hacer realmente el bien. Necesita a Dios, y como lo reconoce, gracias a la bondad de Dios comienza él mismo a ser bueno. No se niega el ethos, sólo se le libera de la estrechez del moralismo y se le sitúa en el contexto de una relación de amor, de la relación con Dios; así el ethos llega a ser verdaderamente él mismo.

Capítulo III: El Evangelio del Reino de Dios. 18%

Conclusión

El tema del «Reino de Dios» impregna toda la predicación de Jesús. Por eso sólo podemos entenderlo desde la totalidad de su mensaje. En el Sermón de la Montaña se detalla cómo obrar para la llegada del Reino.

Jesús habla como el Hijo, que en el fondo de su mensaje está siempre la relación entre Padre e Hijo. En este sentido, toda su predicación es cristología; es decir, es un discurso sobre la presencia de Dios en su obrar y en su ser. Éste es el aspecto que exige una decisión y le conduce a la cruz y a la resurrección.

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