🌿 Domingo de Ramos: la entrada de Jesús en Jerusalén ✡️

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Nos encontramos ante el último trayecto de la vida pública de Cristo. Desde el Mar de Galilea emprende el camino de subida hacia el culmen de su misión en Jerusalén. Una subida física y espiritual. Suceden varios acontecimientos que pasan desapercibidos pero que son importantes en tanto que Cristo – sabedor de su muerte inminente – aprovecha para despedirse de los suyos y remarcar los puntos importantes de su mensaje.

El gancho

Ratzinger, mi teólogo de cabecera, aborda el conflicto entre la predicación de Jesús y las leyes judías en su libro: Jesús de Nazaret: Desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección. Los pensamientos de este artículo están basados en los capítulos del 1 al 5 de este libro. Este artículo es un resumen de notas sobre estos capítulos. Se los llama: Jesús de Nazaret: desde la Entrada en Jerusalén hasta la Última Cena. Muchos textos son copias del libro.

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Puntuación: 5 de 5.

1.1 La entrada en Jerusalén

Es un camino de subida física y espiritual. Desde el mar de Galilea a Jerusalén. Una muchedumbre sigue a Jesús desde Jericó. Por el camino sana al ciego Bartimeo. Le llama Hijo de David. La muchedumbre lo aclama con esperanza mesiánica. Son los que le adoran el Domingo de Ramos, no los de Jerusalén.

Se cumplen varias profecías que demuestran la realeza humilde de Cristo:

  • Gn 49:10-11: Judá es el cetro y atará borrico a la vid.
  • Zc 9,9: sorprendente, Rey que llega en un asno: excluye la interpretación zelote de la realeza de Cristo.
  • Salmo 8,3: los niños le adoran.

La alabanza de los niños fue tomada desde la Iglesia primitiva para la liturgia.

1.2 La purificación del Templo

Hay tres interpretaciones. Una primera dice que Cristo actuó volcando mesas por los abusos de los mercaderes. Era una actividad legal. Explicaría por qué no fue detenido.

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Wikimedia CommonsFile:Giuseppe Passeri – The Cleansing of the Temple

La segunda hipótesis es que Cristo era un revolucionario, un zelote. Argumentos: la violencia de Jesús en este episodio, Cristo nombrado como Hijo de David y el Titulus Crucis «Rey de los Judíos». No se corresponde con su modo de ser.

La actuación de Jesús contradice el zelotismo

En tercer lugar, la propia actuación de la vida pública de Jesús lo contradice: tentaciones, confesión de Pedro, Transfiguración. También el borrico y el rechazo a ver a los griegos. Verán su gloria en la cruz: sólo la semilla muerta da fruto.

Cristo combate la convivencia en el Templo de negocios y culto. La autoridad judía le pide señal para justificar su volcado de mesas. Cristo responde que «en 3 días reconstruirá el Templo». Su señal es la cruz y resurrección. Se erigirá nuevo Templo no construido por manos humanas. El Templo humano caerá. El Templo es su Cuerpo.

¿Dónde queda el zelo de Jesús?

Los discípulos le reconocen en el justo que sufre: Salmo 69 «el celo de tu casa me devora». Juan precisamente menciona esto en la purificación del Templo. Cristo transforma el celo violento en celo del amor que se entrega en la cruz hasta el extremo.

Después de esta escena, se le acercan ciegos y tullidos y los sana. Ejercita la bondad sanadora. Se dedica a quienes son relegados de la sociedad por la enfermedad. La verdadera purificación del Templo es la curación, la sanación. Finalmente en esta escena, los niños le alaban porque tienen un corazón puro y simple y están abiertos a su bondad.

2 Discurso escatológico de Jesús

Cristo se entristece por el rechazo de Jerusalén a su mensaje. Ama a Jerusalén y se sitúa en la línea de mensajeros de Dios precedentes. Mediante la imagen de la gallina protectora, ofrece bondad protectora de Dios pero es rechazada por el libre albedrío de la gente. Dios se marcha del Templo, es vaciado y Cristo anuncia su destrucción.

Flavio Josefo menciona extrañas acontecimientos antes de su destrucción: ruidos, estruendos y voz que dice «idos de aquí».

El discurso escatológico de Jesús comprende la destrucción del Templo, de Jerusalén, el juicio final y el fin del mundo. Es el texto más complicado del Evangelio según Ratzinger. Habla de un futuro que sobrepasa el entendimiento humano y por eso se sirve de narraciones de la tradición que siguen siendo incompletas. Las palabras de Jesús son por eso una continuidad de la tradición, no descripciones del futuro.

2.1 El fin del Templo

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La destrucción del año 70 fue definitiva. No volvió a reconstruirse el templo como en otras ocasiones. Adriano prohibió el regreso de judíos a Jerusalén y alrededores. La fuga de los primeros Cristianos de aquellas guerras civiles entre judíos y con los romanos, demuestra el «no» a la interpretación zelote de Jesús.

La palabra personal de Cristo avala su acierto profético. No quedará piedra sobre piedra, el templo quedará vacío y el en 3 días reconstruiré el templo, denotan la claridad de ideas sobre el futuro. Esteban y la Iglesia naciente tienen claro que el nuevo templo es el Cuerpo de Cristo. Los sacrificios del pasado han sido redimidos junto con nuestros pecados en la cruz.

La Iglesia naciente sigue usando el templo como lugar de reunión, es lugar de oración. Sin embargo las casas pasan a ser el lugar cultual, donde se hace el «partir del pan» de la Última Cena. El Templo con su culto ha sido demolido en la crucifixión. En su lugar está ahora el Arca de la Alianza viva de Cristo resucitado. Cristo es el nuevo lugar de contacto entre Dios y hombre. La teología veterotestamentaria de la redención queda cumplida en la cruz.

2.2 El tiempo de los paganos

Una lectura superficial de los Evangelios puede hacer pensar que se esperaba el fin del mundo con la destrucción del Templo y que Cristo falló en la predicción. Leyendo con atención los Evangelios vemos que anuncian un «tiempo de los paganos». Se debe a que la Biblia no está redactada linealmente sino por partes.

La Iglesia no debe preocuparse por la conversión de Israel. Se hará al final de los tiempos. Son por sí mismos una predicación permanente que remite a la pasión.

Según Cristo, el fin del mundo llegará después de que se haya anunciado el Evangelio a todas las naciones. Por eso en la Ascensión les dice id y predicad el Evangelio a todas las naciones. Eso explica el caminar incansable de Pablo y los discípulos. La orden que Pablo recibió para evangelizar coincide con la que sabían los Apóstoles. Es el tiempo de la Iglesia y es el mensaje central de la escatología de Cristo.

2.3 Profecía y Apocalíptica en el discurso escatológico

Aparente fallo predicción al vincular caída templo con destrucción Jerusalén. Cristo realmente habla de historia salvífica Templo. Vigilancia: actuar como si Dios delante.

Vigilancia no es un salir del presente, un especular sobre el futuro, un olvidar el cometido actual; muy al contrario, vigilancia significa hacer aquí y ahora lo que es justo, tal como se debería obrar ante los ojos de Dios.

Al centrar las imágenes cósmicas del Hijo del Hombre (Daniel y Cristo) en una persona, en una persona actualmente presente y conocida, el contexto cósmico se convierte en algo secundario, y también la cuestión cronológica pierde importancia: en el desarrollo de las cosas físicamente mensurables, la persona «es», tiene su «tiempo» propio, «permanece». Hace una relativización de lo cósmico.

Cristo habla del futuro con palabras del pasado. Las palabras de Jesús no son adivinación. Nos alejan de ella. Se centran en la potencialidad del Antiguo Testamento, la palabra dada, para que nos centremos en la relación personal con Cristo.

3. El lavatorio de los pies

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3.1 La hora de Jesús

Desde el Domingo de Ramos hay una datación precisa. Con la Última Cena llega la «hora de Jesús». Es un paso hasta el extremo Jn 13,1. Pasa de la individualidad de la muerte, del estar cerrado en uno mismo, a ir con Dios a través del amor. Cristo salió del Padre y vuelve a Él. No abandona solo este mundo. Nos atrae a todos hacia sí. Es un descenso positivo, no decadente como el retorno filosófico de Plotino. Gesto opuesto al de Adán. Éste buscaba elevarse a Dios. Cristo se abaja. Lo hace a través del servicio.

3.2 Vosotros estáis limpios

Cristo habla de pureza. Había sistemas de purificación. En Marcos vemos el cambio radical que Jesús ha dado al concepto de pureza ante Dios: no son las prácticas rituales lo que purifica. La pureza y la impureza tienen lugar en el corazón del hombre y dependen de la condición de su corazón.

La exégesis crítica dice que Cristo reemplaza los rituales de purificación antiguos – sacrificios – por un mero orden moral. Pero este pensamiento no hace justicia a la novedad del Nuevo Testamento:

Fe y voluntad

La fe purifica el corazón. Y la fe se debe a que Dios sale al encuentro del hombre. No es simplemente una decisión autónoma de los hombres. Nace porque las personas son tocadas interiormente por el Espíritu de Dios, que abre su corazón y lo purifica.

Su palabra es lo que penetra en ellos, transforma su pensamiento y su voluntad, su «corazón», y lo abre de tal modo que se convierte en un corazón que ve.

Cristo pide a Dios «santifícalos en la verdad». Santificar algo es habilitarlo mediante acciones para el culto. El hombre debe estar inmerso en la verdad, que es la palabra de Cristo. El lavatorio de pies, el servicio es otra vía de purificación.

La respuesta a los exégetas críticos es: en el lugar de la pureza ritual no ha entrado simplemente la moral, sino el don del encuentro con Dios en Jesucristo. La purificación como los sacrificios, tienden una actitud de espera y búsqueda hacia el futuro.

3.3 Sacramentum y exemplum, don y tarea: el «mandamiento nuevo»

La pureza es un don. Jn 13 «Vosotros estáis limpios», dice Jesús a sus discípulos. El don de la pureza es un acto de Dios. El hombre por sí mismo no puede hacerse digno de Dios, por más que se someta a cualquier proceso de purificación. El obrar de Jesús se convierte en el nuestro, porque Él mismo es quien actúa en nosotros.

Un mandamiento nuevo

Amaos los unos a los otros como yo os he amado. Implica dar hasta la vida. Los críticos lo tachan como exigencia extrema y radical. Pero no es esto. La verdadera novedad de este mandato es la comunión en Cristo. Vivir en el. Se traduce en una disposición del corazón puro. Sólo si nos dejamos lavar una y otra vez, si nos dejamos «purificar» por el Señor mismo, podemos aprender a hacer, junto con Él, lo que Él ha hecho.

El discurso se orienta hacia la «misericordia». Debemos dejarnos sumergir en la misericordia del Señor; entonces también nuestro «corazón» encontrará el camino recto. El «mandamiento nuevo» no es simplemente una exigencia nueva y superior. Está unido a la novedad de Jesucristo, al sumergirse progresivamente en Él. Ser cristiano es ante todo un don, pero que luego se desarrolla en la dinámica del vivir y poner en práctica este don.

3.4 El misterio del traidor

«Tiene que cumplirse la Escritura: «El que compartía mi pan me ha traicionado»» (Sal 41,10; cf. Sal 55,14). Éste es el modo de hablar característico de Jesús: con palabras de la Escritura, Él alude a su destino, insertándolo al mismo tiempo en la lógica de Dios, en la lógica de la historia de la salvación. Cristo se revela como el verdadero sujeto de los Salmos, como el «David». Añade una nueva dimensión a la palabra del Salmo retomada por Jesús como profecía sobre su propio camino. Así, la palabra del Salmo proyecta anticipadamente su sombra sobre la Iglesia que celebra la Eucaristía, tanto en el tiempo del evangelista como en todos los tiempos. El sufrimiento de Jesús, su agonía, perdura hasta el fin del mundo, ha escrito Pascal basándose en estas consideraciones (cf. Pensées, VII, 553). Podemos expresarlo también desde el punto de vista opuesto: en aquella hora, Jesús ha tomado sobre sus hombros la traición de todos los tiempos, el sufrimiento de todas las épocas por el ser traicionado, soportando así hasta el fondo las miserias de la historia.

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Judas hace amago de conversión porque siente que ha pecado. Finalmente no logra creer en el perdón. Su arrepentimiento se convierte en frustración y desesperación. Es un modo equivocado de arrepentimiento: nossabe esperar y es destructivo. La certeza de la esperanza forma parte del arrepentimiento, nace de la fe en Cristo.

3.5 Dos coloquios con Pedro

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Vincenzo Civerchio, Christ Instructing Peter and John to Prepare for the Passover, Italian, c. 1460/1470 – probably 1544, 1504, tempera on panel, Samuel H. Kress Collection

Primer coloquio: Pedro no se deja lavar los pies. El poder de Dios es diferente, que el Mesías tiene que entrar en la gloria y llevar a la gloria a través del sufrimiento.

Segundo coloquio: Jesús va a transformar su muerte violenta en la libre entrega de su propia vida. Pedro tiene que olvidarse de la heroicidad de sus propias acciones y aprender la humildad del discípulo. Su voluntad de llegar a las manos en la reyerta, su heroísmo, termina en su renegar de Jesús. Su heroísmo se ha derrumbado en una mezquina forma de táctica. Tiene que aprender a esperar su hora; tiene que aprender la paciencia, espera, la perseverancia.

En ambos coloquios se trata de lo mismo: no prescribir a Dios lo que Dios tiene que hacer, sino aprender a aceptarlo tal como Él mismo se nos manifiesta; no querer ponerse a la altura de Dios, sino dejarse plasmar poco a poco, en la humildad del servicio, según la verdadera imagen de Dios.

3.6 Lavatorio de los pies y confesión de los pecados

El lavatorio definitivo e irrepetible es el bautismo. Pero necesitamos lavar nuestros pecados habitualmente en la confesión. Cristo se presenta como Siervo de Dios. Hay una relación entre servicio humilde y gloria. El núcleo del relato de la pasión del Evangelio de Juan consiste en el abajamiento y humillación de Jesús. Se transparenta la Gloria de Dios.

4. La oración sacerdotal de Jesús (Jn 17)

4.1 La fiesta judía de la Expiación como trasfondo bíblico de la oración sacerdotal

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Según la teología rabínica, la idea de la alianza, de crear un pueblo santo que esté ante Dios y en unión con Él, es anterior a la idea de la creación del mundo; más aún, es su más honda razón de ser. El cosmos no fue creado para que hubiera multitud de astros y tantas otras cosas más, sino para que hubiera un espacio para la «alianza», para el «sí» del amor entre Dios y el hombre.

Sacrificio en modo de palabra. La Palabra es carne; más aún: es un cuerpo entregado, es sangre derramada. Con la institución de la Eucaristía Jesús transforma su padecer la muerte en «palabra», en la radicalidad de su amor que se entrega hasta la muerte. De este modo, Él mismo se convierte en «templo».

Cantos de Isaías sobre el Siervo de Dios, especialmente en Isaías 53. El siervo de Dios, que carga con la iniquidad de todos (53,6), que se ofrece a sí mismo como expiación (53,10), que lleva el pecado de muchos

4.2 Cuatro grandes temas de la oración sacerdotal

4.2.1 Ésta es la vida eterna

Cristo no se refiere a la vida después de la muerte. Es la vida misma, la vida verdadera, que puede ser vivida también en este tiempo y que después ya no puede ser rebatida por la muerte física.

El hombre encuentra la «vida eterna» a través del «conocimiento». Es comunión, es hacerse una sola cosa con lo conocido. Por eso, la clave de la vida no es un conocimiento cualquiera, sino el hecho de «que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo». Es una relación con Dios en su enviado Jesucristo. Es una fe en un único Dios, no varias deidades. Fe y «conocimiento» de Aquel que es el amor mismo se convierte en amor.

Platón, que ha incorporado a su obra tradiciones y reflexiones muy diferentes sobre el tema de la inmortalidad. Así encontramos en él la idea según la cual el hombre puede hacerse inmortal uniéndose a lo que es inmortal.

4.2.2 Santifícalos en la verdad

¿Qué es consagrar? Consagrado es ser santo. Es traspasar algo a la propiedad de Dios. Es un proceso de segregación para una misión. Son tres consagraciones: Dios consagra al Hijo, el Hijo a sí mismo y a sus discípulos. Israel es «pueblo santo» por esto: separado del resto para dar a conocer a Dios.

La consagración de Jesús por el Padre se hace en la Encarnación: se segrega del Padre quedando a disposición de todos. Es un ser para el mundo. Se consagra para el sacrificio. Adquiere un compromiso en favor de Dios y contra el mundo.

Establece la liturgia de la Nueva Alianza. El sentido de la fiesta de la Expiación queda cumplido en Cristo: es el Verbo hecho carne para la vida del mundo.

La tercera consagración es la de los discípulos. Se les hace ese traspaso de propiedad para que evangelicen por todo el mundo. Se consagran en la verdad que es Cristo. Es el baño que les purifica. Queda instituido el sacerdocio.

4.2.3 Les he dado a conocer tu nombre

Jesús es el nuevo Moisés. No se refiere a un nombre propio sino a la inmanencia de Dios entre los hombres. Presencia actual de Dios en medio de los hombres, una presencia por la cual Él está totalmente aquí y, no obstante, trasciende infinitamente todo lo que es humano y mundano. «Nombre de Dios» significa: Dios como el que está presente entre los hombres.

Es el Emmanuel, Dios con nosotros en Cristo por la Encarnación. Es la novedad de Jesucristo ante la Torá y el cumplimiento de ritos del Antiguo Testamento. Es una transformación del cosmos. La autoentrega de Dios en Cristo no es algo del pasado: «les daré a conocer». En Cristo, Dios sale continuamente al encuentro de los hombres para que ellos puedan ir hacia Él.

4.2.4 Para que todos sean uno

Cristo quiere que se dé a conocer de forma universal que Él es el enviado de Dios. Que el mundo crea y reconozca como una unidad este mensaje.

Problema del ecumenismo

Muchos dentro de la Iglesia creen que las tradiciones unen la Iglesia. ¿Qué tradición? ¿Si la tradición es suficiente, qué necesidad hay de ecumenismo? Es un error porque lo único que une es el Padre a través del Hijo. Las fuerzas del mundo disgregan. Cristo las supera. La unidad surge por ella misma desde Dios. Hay que reconocer la fuerza de Dios, que no viene de ninguna parte concreta del mundo.

Elementos de la unidad Eclesiástica

La misión de Cristo es ser el enviado de Dios. Y Él enviar a los discípulos. A través de la sucesión apostólica perdura esta misión. La unidad de estos tres elementos constitutivos de la Iglesia —el sacramento de la sucesión, la Escritura y la regla de fe (confesión)— es la verdadera garantía de que «la Palabra» pueda «resonar de modo auténtico» y «se mantenga la tradición»

Este reconocimiento de Cristo a través de la unidad de la humanidad no es algo intelectual, es un don de Dios.

La meta de esta universidad es el cosmos, es decir, la Creación y el mundo humano. Cristo ruega por la parte del mundo. Donde incluso los laicos ven la alienación del mal:

La filosofía describe con esto precisamente lo que la fe llama «pecado original». Esta especie de «mundo» tiene que desaparecer; debe ser transformado en el mundo de Dios. Ésta es propiamente la misión de Jesús, en la que se implica a los discípulos: llevar al «mundo» fuera de la alienación del hombre respecto de Dios y de sí mismo, para que el mundo vuelva a ser de Dios y el hombre, al hacerse una sola cosa con Dios, torne a ser totalmente él mismo. Esta transformación, sin embargo, tiene el precio de la cruz y, para los testigos de Cristo, el de la disponibilidad al martirio.

En esta unidad universal se dibuja la Iglesia. La Iglesia nace de la oración de Cristo. Pero esta oración no es solamente palabra: es el acto en que Él se «consagra» a sí mismo, es decir, «se sacrifica» por la vida del mundo. También podemos decir, dándole la vuelta a la afirmación: en la oración, el acontecimiento cruel de la cruz se hace «palabra», se convierte en fiesta de la expiación entre Dios y el mundo. De eso brota la Iglesia como la comunidad de los que, por la palabra de los Apóstoles, creen en Cristo

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