📃 Las Bienaventuranzas de Jesús ✝️

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Sermon Mount by Carl Bloch, Nationalhistoriske Museum på Frederiksborg Slot (Hillerød)

Pocos textos evangélicos pueden resultar tan conmovedores y consoladores como el del Sermón de la Montaña. Lo que conocemos como Bienaventuranzas. Nos hablan de un Dios totalmente distinto a lo conocido. Una nueva teología comprometida con nuestras miserias, que abraza con infinita misericordia. Es la novedad y la esperanza que trae el cristianismo.

El gancho

Un creciente interés por la escritura y filología me ha hecho leer este libro de Ratzinger: Jesús de Nazaret: del bautismo a la Transfiguración. Los pensamientos de este artículo están basados en el capítulo 4 de este libro.

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Puntuación: 5 de 5.

Sobre el sufrimiento

[San Pablo] experimenta la íntima relación entre cruz y resurrección: estamos expuestos a la muerte «para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo» (2 Co 4, 11).

Cristo sigue sufriendo en sus enviados, su lugar sigue siendo la cruz. Sin embargo, Él es de manera definitiva el Resucitado. Y si el enviado de Jesús en este mundo está aún inmerso en la pasión de Jesús, ahí se puede percibir también la gloria de la resurrección, que da una alegría, una «beatitud» mayor que toda la dicha que se haya podido experimentar antes en el mundo.

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Sobre la pobreza

La pobreza de que se habla nunca es un simple fenómeno material. La pobreza puramente material no salva, aun cuando sea cierto que los más perjudicados de este mundo pueden contar de un modo especial con la bondad de Dios. Pero el corazón de los que no poseen nada puede endurecerse, envenenarse, ser malvado, estar por dentro lleno de afán de poseer, olvidando a Dios y codiciando sólo bienes materiales.

Por otro lado, la pobreza de que se habla aquí tampoco es simplemente una actitud espiritual. La Iglesia, para ser comunidad de los pobres de Jesús, necesita siempre figuras capaces de grandes renuncias; necesita comunidades que le sigan, que vivan la pobreza y la sencillez, y con ello muestren la verdad de las Bienaventuranzas para despertar la conciencia de todos, a fin de que entiendan el poseer sólo como servicio y, frente a la cultura del tener, contrapongan la cultura de la libertad interior, creando así las condiciones de la justicia social.

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Sobre la tristeza

Hay dos tipos de aflicción: una, que ha perdido la esperanza, que ya no confía en el amor y la verdad, y por ello abate y destruye al hombre por dentro; pero también existe la aflicción provocada por la conmoción ante la verdad y que lleva al hombre a la conversión, a oponerse al mal. Esta tristeza regenera, porque enseña a los hombres a esperar y amar de nuevo. Un ejemplo de la primera aflicción es Judas, quien —profundamente abatido por su caída— pierde la esperanza y lleno de desesperación se ahorca. Un ejemplo del segundo tipo de aflicción es Pedro que, conmovido ante la mirada del Señor, prorrumpe en un llanto salvador: las lágrimas labran la tierra de su alma. Comienza de nuevo y se transforma en un hombre nuevo.

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La Bienaventuranza de los perseguidos: Jesús da a su Yo un carácter normativo que ningún maestro de Israel ni ningún doctor de la Iglesia puede pretender para sí. El que habla así ya no es un profeta en el sentido hasta entonces conocido, mensajero y representante de otro; Él mismo es el punto de referencia de la vida recta, Él mismo es el fin y el centro.

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«Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios»

Muéstrame a tu Dios, yo te diré a mi vez: muéstrame tú al hombre que hay en ti.

Teófilo de Antioquía 25%
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Veremos a Dios cuando entremos en los mismos «sentimientos de Cristo» (Flp 2, 5). La purificación del corazón se produce al seguir a Cristo, al ser uno con Él. «Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí» (Ga 2, 20). Y aquí surge algo nuevo: el ascenso a Dios se produce precisamente en el descenso del servicio humilde, en el descenso del amor, que es la esencia de Dios y, por eso, la verdadera fuerza purificadora que capacita al hombre para percibir y ver a Dios.

En Jesucristo Dios mismo se manifiesta en ese descenso: «El cual, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó…» (Flp 2, 6-9). Estas palabras marcan un cambio decisivo en la historia de la mística. Muestran la novedad de la mística cristiana, que procede de la novedad de la revelación en Cristo Jesús.

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El corazón puro es el corazón que ama, que entra en comunión de servicio y de obediencia con Jesucristo. El amor es el fuego que purifica y une razón, voluntad y sentimiento, que unifica al hombre en sí mismo gracias a la acción unificadora de Dios, de forma que se convierte en siervo de la unificación de quienes estaban divididos: así entra el hombre en la morada de Dios y puede verlo. Y eso significa precisamente ser bienaventurado.

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Contra natura

Aquí viene una crítica de Nietzsche a las invectivas de Lc 6, 24-26. No son condenas, son advertencias para la salvación. ¿Es malo reír? A la amplitud de miras de Jesús se le opone una concentración angosta en las realidades de aquí abajo (como el Fariseo que oraba mirándose a sí mismo) , la voluntad de aprovechar ahora el mundo y lo que la vida ofrece, de buscar el cielo aquí abajo y no dejarse inhibir por ningún tipo de escrúpulo.

Las Bienaventuranzas se oponen a nuestro gusto espontáneo por la vida, a nuestra hambre y sed de vida. Exigen «conversión», un cambio de marcha interior respecto a la dirección que tomaríamos espontáneamente. Pero esta conversión saca a la luz lo que es puro y más elevado, dispone nuestra existencia de manera correcta.

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Lo comenta Jacques Philippe en su libro Libertad Interior. La acción del Espíritu Santo es un fermento evolutivo contra la psique prehistórica. Nos aleja de nuestra parte primitiva, basada en contraprestaciones y en la satisfacción inmediata de los instintos.

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